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Domingo 10 de febrero de 2019

El viernes siete de febrero del año en curso, Angélica Rivera, mejor conocida como “la gaviota”, conmovió a la república al hacer público la inminencia de su divorcio de Enrique Peña Nieto.

Y fue mediante un comunicado “en redes”, que tal vez produjo lágrimas entre los millones de hembras que de alguna manera recuperan a la victoriosa heroína de sus decepciones, desvelos, frustraciones y esperanzas.

Angélica vuelve a ser la mujer generosa, humilde, sacrificada, amorosa, fiel, resignada, tierna y profundamente solidaria, que pareciera despertar de un largo sueño que como a “la cenicienta”, la mantuvo en el poder mientras duró la magia a que la condujo el príncipe deseado.

Tan humilde y resignada, que espera la nueva oportunidad de regresar a lo suyo. A lo que realmente la hace feliz, es decir, a la farándula, después de ser “La Primera Dama” de México.

Situación que le permitió aparecer en sofisticados escenarios de la simulación palaciega nacional e internacional, al lado de reyes, príncipes (de a de veras), gobernantes de las más diversas tendencias y competir en elegancia y presencia, con mujeres que imponen modas a la clase ultra que no sabe de pobrezas, ni conflictos bélicos o sociales que distraigan su placentera armonía con el cosmos.

De manera que a “la gaviota” la recuperamos para fortuna de una sociedad que ahora mismo, lucha por el estatus que la injusticia le negó durante sexenios. Viene por la revancha y a decir a los pobres que “allá arriba”, hipocresía es moneda de cambio para lograr la felicidad.

Por eso retorna…y es que aquí entre los pobres jamás lloró.

Angélica Rivera emerge, como “ave fénix”, de las cenizas de un sistema que la atrapó porque aceptemos, “la carne sigue siendo débil” y la conciencia titubea ante la oportunidad del papel protagónico esperado, deseado y buscado, entre bastidores, camerinos ajenos o rendijas de alcobas olvidadas.

Cierto, ella pareció tragada por el escándalo y sin embargo aquí está de regreso. Tan humana como siempre. Tan frágil que despierta ternura y tan modesta que se forma al final de la fila en espera del ansiado “llamado” para entrar a escena.

¿Qué importa si fue utilizada para justificar una que otra propiedad producto, dicen, de la corrupción oficial?. Ella sabe que sus fans saben, que cuando le ordenaron decir que “la casa blanca” era producto de sus haberes logrados en el espectáculo, solo desempeñaba un papel secundario en la comedia del poder.

Y es que ella siempre ha sido actriz y a las consecuencias se atiene. No fue un acto de amor, sino demostrar su profesionalismo al cumplir con exactitud los compromisos del contrato original que aseguran, surgió en la búsqueda de la pareja ideal que irradiara una felicidad delirante falsa (de toda falsedad), de un país cuyo naufragio era irremediable.

Había que simular y el sistema requería de actores que en verdad lo fueran. En este sentido, podemos decir que “la gaviota” cumplió con su trabajo, no así el compañero ocasional que le acreditaron como “esposo” el que, ahora mismo, sigue perdido en la frivolidad, ignorando el gran juicio que en México prepara la historia.

EL PRÍNCIPE Y “LA CENICIENTA”

Todo empezó cuando alguien le propuso ser “la imagen del estado de México”, justo ella “destilaba” popularidad tras el éxito rotundo de la conocida telenovela.

Cargaba ya con el divorcio de José Alberto “el güero” Castro y tres hijas (Sofía, Fernanda y Regina), pero ello no obstó para despertar los apetitos amorosos del entonces gobernador Enrique Peña Nieto, recién viudo de Mónica Pretelini Sáenz, muerta en circunstancias todavía difíciles de aclarar y con quien procreó a Paulina, Alejandro y Nicole.

Después de varios meses de noviazgo y rumores, en noviembre del 2008 EPN hizo oficial la relación en un programa de Sabina Berman, aunque fue hasta el 16 de diciembre del 2009 cuando entregó el anillo de compromiso en pleno Vaticano y ante la presencia de varios obispos mexicanos y Carlos Aguiar, presidente del Episcopado, invitados especiales al ceremonial que desde entonces pintaba color de rosa.

Hecho que de inmediato fue comunicado a Benedicto XV1.

¿Por qué el Papa debía estar enterado?.

Es que la iglesia debía anular el anterior matrimonio religioso entre Angélica y “el güero” Castro realizado el 2 de diciembre del 2004 en la iglesia de Nuestra Señora de Fátima en la ciudad de México, oficiado por Ramón García López.

No fue difícil porque se contó con la colaboración del Arzobispo Primado de México, Norberto Rivera Carrera.

Lo difícil de aceptar fueron las irregularidades del proceso donde se sacrificó al cura José Luis Salinas quien en Televisa oficiaba servicios religiosos, el que unos días después de la boda en Fátima ofició una acción de gracias en Acapulco.

Esta ceremonia sirvió de base a la anulación cuando Salinas fue acusado por el Tribunal de la Arquidiócesis de no contar con licencia de sacerdote y haber simulado el matrimonio de Angélica y “el güero” Castro, cuando en realidad los casó Ramón García López.

Total que “la gaviota” y EPN fueron autorizados a matrimoniarse por la iglesia, lo cual ocurrió el 27 de noviembre de 2010 en Toluca.

Ocho años y algo más el sueño termina y al despertar ambos son los que siempre fueron.

SUCEDE QUE

Un cronista hace crónica no historia que ya fue escrita. Dejando constancia de la cotidianidad es la única forma de que las generaciones próximas sepan que la sociedad existió. No es raro entonces, que lugares como Victoria, carezcan de memoria.

Pero, claro, lo primero es tener motivos para querer a la capital y todo lo que representa y significa.

Y hasta la próxima.

* El columnista es autor de las novelas “Erase un periodista” y “Rinconada, la historia prohibida del maestro Ricardo” y Premio Nacional de Periodismo 2016.

 

 

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