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Jose Luis B. Garza

Martes 23 de octubre de 2018

Durante los últimos días las noticias sobre los miles de migrantes hondureños que partieron de su país en la búsqueda del “Sueño americano” ha tenido, entre otras consecuencias, la de llamar poderosamente la atención del presidente de Estados Unidos, Donald Trump y del de México, Enrique Peña Nieto, quienes han salido a hacer declaraciones, por diferentes medios, en el sentido de que no se permitirá el acceso, primero a México, a quienes no cuenten con una visa para internarse en el país, y por el lado de Trump, de que se va militarizar la frontera ante la caravana que pretende llegar hasta los Estados Unidos.

En el caso de Peña Nieto, los migrantes se han encargado ya de demostrar que las intenciones presidenciales de frenar la incursión de los centroamericanos, en su mayoría hondureños, con la advertencia presidencial de que ...”toda persona que desee ingresar a territorio nacional podrá hacerlo siempre y cuando cuente con documentos de viaje y una visa concedida” de nada sirvió. Ya están en México y, además, preparando su viaje a la frontera de la Unión Americana, cuando no estén ya en trayecto.

Si se toma en cuenta el antecedente del punto de entrada que acostumbran utilizar los migrantes centroamericanos para internarse en forma indocumentada a Estados Unidos, es de esperarse que el área del norte de Tamaulipas, específicamente, Reynosa, que conecta con el área de McAllen, en Texas, sea la elegida para su intento de arribar a territorio estadounidense.

Para los residentes de esta frontera, la problemática migratoria es del conocimiento público; miles de personas procedentes de todas partes del mundo han entrado o intentado hacerlo por aquí, y las historias, vicisitudes e implicaciones, muy variadas y numerosas, han hecho que quienes residen en esta área estén familiarizados con el tema.

Pero esto es distinto.

Los efectos se darán de formas no previstas que marcarán probablemente un nuevo precedente.

Si bien el “área de McAllen”, que comprende varias ciudades, entre ellas Hidalgo, Pharr, Weslaco y Mission, es receptora a diario de entre 50 y 200 migrantes, en su gran mayoría centroamericanos, cuyas edades fluctúan entre las de bebés hasta adultos mayores, lo que puede ocurrir rebasa por completo todos los antecedentes.

Una caravana de cientos o miles, como está previsto que pueda ocurrir, producirá situaciones de crisis, sin duda, en la Unión Americana, pero también, por sus dimensiones, en el lado mexicano.

No todos los que lleguen podrán cruzar, y no todos los que crucen podrán quedarse.

A diferencia de los migrantes mexicanos que pueden ser deportados de inmediato de acuerdo con las leyes migratorias estadounidenses, quienes no pertenecen a un país contiguo a Estados Unidos, como es el caso de los centroamericanos y los del resto del mundo, están sujetos a un procedimiento diferente que puede ir desde la comparecencia ante un juez de migración hasta el trámite de asilo, que puede traer como consecuencia que el indocumentado permanezca en el país amparado por algún precepto de las leyes migratorias o bien que concluya con la deportación. Pero para llegar a ello habrá que transcurrir un tiempo que puede ir desde semanas hasta años, de acuerdo al caso específico y a la capacidad de jueces y autoridades migratorias para procesar la situación específica de cada uno.

Los migrantes de países que no son originarios de México, generalmente no son detenidos por la Patrulla Fronteriza, sino que se entregan a ella. Buscan a sus elementos una vez que cruzan la frontera para acogerse a una estancia, cuando menos temporal, previa al trámite que se hace en un centro de procesamiento donde se determina el estatus de cada uno de ellos.

En los últimos meses se ha visto cómo en lugares como Tijuana, Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros, personas procedentes de Haití, Cuba, Africa y otros países, que incluyen a los centroamericanos, se han apostado en los accesos a las aduanas estadounidenses solicitando entrar al país.

De llegar la caravana, que se prevé sean miles, se producirán una serie de situaciones críticas en el punto escogido para tratar de llegar a su destino que seguramente será uno por Tamaulipas.

Ya se ha dado la voz de alerta sobre esta situación, que quizá pueda ser sorteada con la colaboración de autoridades y organismos de derechos humanos e inclusive instituciones comerciales o de servicio.

Pero si la caravana tiene éxito y logra su objetivo de tocar tierras estadounidenses, de no tomarse las medidas adecuadas o establecer acuerdos que lo impidan, ésta será solamente la primera de una serie de caravanas que podrían ser mucho mayores.

Estamos ante un nuevo y asombroso fenómeno migratorio:

La entrada masiva a un país extranjero, aunque hay quienes la denominan ya como invasión. De ser así, habrá una transformación en muchos de los aspectos de la vida de los residentes de Texas y Tamaulipas, con efectos en ambos países.

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