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Jose Luis B. Garza

Lunes 08 de octubre de 2018

Con motivo de haberse cumplido recientemente 50 años de los hechos sangrientos del 2 de octubre de 1968, fecha que ha pasado a la historia como el aniversario de “La matanza de Tlatelolco”, lugar donde se cometió la masacre durante el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz, se han producido una serie de reacciones en México en contra del nombre del ex mandatario mencionado.

Placas y letreros se han arrancado de edificaciones que por muchos años han llevado ese nombre pero que hoy, como muestra de rechazo a ese capítulo de la historia mexicana, grupos sociales han tomado la iniciativa de borrar el nombre del ex presidente por considerar que no es digno de que edificios o vías de comunicación lo lleven.

En Tamaulipas existe una ciudad fronteriza que lleva precisamente el nombre de Gustavo Díaz Ordaz, y que por ser la tierra que vio nacer a quien esto escribe, aclarando que eso ocurrió cuando aún llevaba el nombre de San Miguel de Camargo, antes de adoptar el cuestionado que actualmente tiene, algunos paisanos y otros que no lo son me han preguntado si habrá alguna iniciativa para modificar o eliminar el nombre del referido municipio. Mi respuesta invariable y honesta es que no tengo ningún conocimiento de que haya alguna acción en ese sentido.

Sin embargo es una buena oportunidad para rescatar fragmentos de la historia de esa población que nos explican el origen del hoy controversial nombre.

Debo reconocer el auxilio que me brindó para este fin el economista de origen diazordasense Raúl Zárate, quien tuvo la oportunidad durante su adolescencia de acompañar a su padre, Florentino Zárate, quien, junto con los señores Ramiro Ibarra, Emilio Olivares y Manuel Guajardo, encabezaron la lucha por la emancipación de San Miguel del municipio de Camargo.

Cabe decir que había antes de la citada emancipación dos grandes sueños de muchos diazordasenses, en aquel momento sanmiguelenses: La emancipación política de la ciudad con respecto a Camargo y la construcción de un puente internacional que permitiera el cruce de personas y vehículos hacia el punto fronterizo de Los Ebanos, en el estado de Texas, servicio que hacía, como sigue ocurriendo, un chalán, por cierto, el único en su género que existe activo como transporte internacional a lo largo del río Bravo.

Las gestiones se emprendieron en la época que gobernaba el estado el Lic Praxedis Balboa Gojon, cuya gestión se inició en el año de 1963  y concluyó en 1969.

En el año de 1966 se finalizó y entró en operación en la ciudad de Camargo el puente internacional que une a esa ciudad con Río Grande, en Texas. Los residentes del entonces San Miguel consideraron que la decisión del Gobierno Federal de aquel entonces y la coadyuvancia del Gobierno del Estado había sido injusta, ya que se consideraban merecedores de que fuera precisamente en el lugar donde realiza sus funciones el chalán donde se debería erigir un puente internacional.  Se esfumaba, así, uno de los anhelos de numerosos residentes de la población.

El funcionamiento del nuevo cruce internacional en Camargo, si bien por una parte desalentó a quienes lo deseaban en San Miguel para ellos, impulsó el viejo anhelo de emancipación.

Guajardo, Zárate, Ibarra y Olivares aprovecharon la coyuntura que se presentaba para hacer las gestiones ante los poderes del Estado y finalmente, tras redactar la petición formal elaborada en un hotel de la capital tamaulipeca lograron que se concediera la emancipación.

Sin embargo, además de la emancipación, había que asignarle un nombre a la ciudad convertida ya en municipio.

Justamente en aquel momento se libraba una lucha por la sucesión gubernamental del estado. El gobernador Balboa, empeñado en imponer a su sucesor, promovió inicialmente a Francisco A. Villarreal, al que había convertido mediante hábiles maniobras en rector de la Universidad recientemente autónoma de Tamaulipas. Villarreal fue depuesto en diciembre de 1967 por un movimiento estudiantil y popular, por lo que Balboa, empeñado en su propósito, decidió concentrar sus esfuerzos en lograr obtener la candidatura de gobernador para su oficial mayor de gobierno, Lauro Rendón Valdés. Era una época en la que la última decisión estaba en manos del todopoderoso presidente de la República que, convertido en gran elector, daba simplemente la indicación para que la maquinaria partidista y electoral, dominada por el PRI, se pusiera en marcha a favor del ungido con la decisión presidencial.

Así, en un esfuerzo por lograr halagar al presidente y lograr de él favorecer al candidato de Balboa, se maniobró para imponerle el nombre a San Migue de ¡Díaz Ordaz!

Al consumarse la creación del nuevo municipio, el 26 de marzo de 1968, se procedió a integrar una junta de gobierno que presidió Manuel Guajardo, convocándose posteriormente para elegir al primer presidente municipal resultando ganador Euvelester Gutiérrez.

De nada le sirvió a Balboa el haber influido para que se impusiera al nuevo municipio el nombre que ahora lleva para obtener el favor presidencial en la sucesión de gobierno; el candidato a gobernador fue el tampiqueño Manuel A. Ravizé.

A 50 años de distancia pocos recuerdan estos detalles históricos. Los actores de la lucha por la emancipación, así como el primer alcalde, han pasado a mejor vida y muchos de sus descendientes emigraron por diversas razones a otras latitudes, principalmente al Valle de Texas, donde ahora residen.

Por otra parte, del antiguo nombre se mantiene como vestigio la iglesia católica local de San Miguel Arcángel. El pueblo perdió el nombre del santo y adquirió el de un hombre calificado por muchos, como el culpable de la noche negra del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco donde se perdieron muchas vidas.

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