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Jose Luis B. Garza

Martes 24 de julio de 2018

• En México, obra de López Obrador

• Gran efecto económico y laboral

Uno de los aspectos de los que se hizo poca mención durante la campaña política de Andrés Manuel López Obrador, fue el discurso que pronunció prácticamente al inicio de su jornada proselitista en pos de la presidencia de México. Hizo público, precisamente en Cd. Juárez, que de llegar a la presidencia crearía una zona libre o franca en la frontera con los Estados Unidos.

Ni en la fronteriza ciudad de Reynosa, donde estuvo un poco después durante el mes de abril, ni a lo largo de toda su campaña, el tema volvió a mencionarse, cuando menos, si se hizo, no trascendió.

Pero el domingo anterior, al ser revelado el contenido de la carta que envió el candidato ganador de las elecciones presidenciales de México a Donald Trump, la propuesta en mención fue revelada ya como un proyecto de gobierno.

La carta, como ha trascendido, fue enviada por conducto de los altos funcionarios estadounidenses que visitaron recientemente al próximo primer mandatario mexicano, en la que fue su casa de campaña en la capital del país. Dio lectura de ella Marcelo Ebrad Cazaubón, quien será el secretario de Relaciones Exteriores del nuevo gobierno.

La singular misiva confirma la intención de convertir las 1933 millas (más de 3 mil kilómetros) en una zona franca, que comprenderá una franja de “20 a 30 kilómetros” donde se harían ajustes que permitirían promover la inversión, el desarrollo productivo y tecnológico así como la creación de empleos. En términos de migración “sería la última cortina para retener trabajadores mexicanos en nuestro territorio”.

Para lograr establecer la zona libre se recorrerán las aduanas, que ahora funcionan justamente al cruzar la línea divisoria entre Estados Unidos y México hacia el sur, obviamente.

Se reducirá el impuesto sobre la Renta (ISR) al 20 por ciento; asimismo, el impuesto al valor agregado (IVA) al 8 por ciento; se reducirían impuestos especiales (IEPS) al 20 por ciento, para establecer precios de gasolina, diesel y electricidad iguales a los de Estados Unidos. Junto con estas medidas, que entrarían en vigor el día primero del ya próximo 2019, se aumentará en toda esta franja el salario mínimo al doble de lo estipulado en la actualidad.

El impacto de estas medidas, puede anticiparse, será enorme sobre una población que, si bien se auguraba que se duplicará en 30 años, con estos estímulos probablemente registre un crecimiento súbito.

El sólo anuncio de este proyecto debe ya tener sus efectos, no sólamente en México, sino en los Estados Unidos. Las facilidades aduanales para una enorme población concentrada en la frontera con la Unión Americana acelerará el intercambio comercial a niveles aún no previstos.

Suponemos que de no haber aduanas al cruzar la frontera los vehículos americanos podrán entrar libremente a territorio mexicano, cuando menos en esta región.

Los consumidores mexicanos que cruzan a Estados Unidos incrementarían el monto de sus compras, que sin las restricciones aduanales podrían cruzar libremente, suponemos, con un efecto benéfico en el comercio norteamericano fronterizo.

Tan sólo a pie, en 2016 cruzaron 42 millones de personas por los distintos puertos fronterizos. No estamos contando quienes se internan a la Unión Americana en vehículos, ni quienes lo hacen transportando mercancías.

Todo esto es a primera impresión, tras el anuncio de Ebrad Cazaubón, que confirmó lo propuesto en campaña por López Obrador.

Hay circunstancias que deberán irse considerando, como el problema que implica mover las aduanas al interior del país para funcionar, asimismo, en las garitas donde en el pasado estaban las inspecciones aduanales carreteras, aunque con una gran diferencia. En las aduanas a un lado de la línea divisoria los puntos de cruce son muy específicos y controlados (cuando menos en teoría), lo que no ocurrirá con aduanas en el interior ya que brechas, caminos y veredas fuera de carreteras se convertirán desde el punto de vista aduanal en una frontera porosa.

Los trámites de importación y exportación se podrían hacer, mediante avanzada tecnología, desde cualquier punto donde se encuentren las agencias aduanales.

El aspecto laboral tendrá su efecto sobre las empresas transnacionales y plantas maquiladoras establecidas en toda el área.

Pero, aclaramos, todo esto es a primera impresión.

Habrá muchas más consideraciones que hacer y disposiciones que acatar seguramente, pero lo cierto, seguro e irrebatible, es que la frontera nunca volverá a ser la misma. Se espera que sea para bien.

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