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Carlos López Arriaga

Martes 10 de abril de 2018

Con JAIME RODRÍGUEZ, el Bronco, ocurre (en pequeño) un fenómeno similar al del ciudadano LÓPEZ OBRADOR. Tiene enemigos por legiones, pero también defensores en grado heroico que buscarán siempre volver irrespirable cualquier crítica a su desempeño.

Por esta razón, en el vecino estado de Nuevo León, alegrías y sinsabores se alternan, permutan, revierten, de acuerdo al parte noticioso de cada día.

¿Compite o no en la contienda presidencial?, ¿se va o se queda?, ¿le niegan el registro a su candidatura o una dividida votación en tribunales decide meterlo de última hora?

Si recordamos como fue su visita al congreso local, poco antes de solicitar licencia, entenderemos bien que existe una sólida base ciudadana (priísta, panista, perredista) que cruza los dedos de pies y manos para que JAIME ya no regrese.

Habemos paradoja. Son sus malquerientes quienes mayormente festejan el fallo judicial que lo mete de nuevo en la pelea. Y no desean su retorno porque resultó un rotundo fiasco como gobernador.

Los municipios de Monterrey y su zona conurbada siguen tan violentos como en los tiempos infaustos de RODRIGO MEDINA DE LA CRUZ.

Muchacho impune que solo unas cuantas horas lució el uniforme carcelario (naranja y vivos blancos) en el penal de Topo Chico, antes de que los defensores le devolvieran su libertad, aquel inolvidable 26 de enero de 2017.

Golpe anunciado desde campaña, el de JAIME contra el clan MEDINA, el entonces gobernador, su padre, hermanos, parentela amplia, compadres, socios, prestanombres.

Había dicho que al día siguiente de tomar posesión cargaría con toda la tribu, a la que culpaba de un extenso rosario delictivo. Peculado, contratismo venal, sobrefacturación, subrogaciones, trapacerías sin fin.

Aunque ya enfrascados en el ajedrez jurídico, el abogado MEDINA resultó mejor estratega que el agrónomo RODRÍGUEZ. Resquicios le sobran al primero frente a la brocha gorda del segundo.

El caso es que los vicios de gobiernos pasados tampoco se han corregido. Amén de una desastrosa relación con los medios reyneros, que en buena medida nos recuerda los desplantes de VICENTE FOX.

Oiga usted, una cosa es reducir las partidas de difusión en bien de la hacienda pública y otra muy distinta el enfrascarse en trifulcas interminables con los comunicadores, al tú por tú.

Ese empleo tan personal y peleonero de las redes sociales que, por cierto, nos recuerda a otro infame gladiador electrónico de nuestro tiempo, DONALD TRUMP.

Horror a quien horror merece, a ratos también ANDRÉS MANUEL parece caer en ese juego maniqueo de devolver golpe por golpe a columnistas y editores.Aunque el tabasqueño lo hace desde su instrumento favorito, el micrófono, en pódiums de campaña, charlas banqueteras, entrevistas radiales y televisivas.

Olvidan, todos, una verdad de a kilo. Que los políticos van siempre de paso y sus ayudantes también, mientras los medios permanecen, con acopio de buena memoria, en calidad de virtud principal.

Y no se diga en redes, en las cuáles la censura es inexistente o, de plano, tan exigua que las partes afectadas han renunciado a frenar la crítica.

O aspiran solamente a responder mediante el vocinglerío de bots, robots, sicarios virtuales y robocops enmascarados en el anonimato, ruidosos, caros y comprobadamente inefectivos.

De conformarse la incorporación de JAIME en la boleta presidencial, la pregunta inmediata es qué función cumplirá en los debates. Interrogante que aplica al caso de MARGARITA ZAVALA.

Tarea (la de ambos) equiparable al llamado primer tercio en las corridas de toros. Trabajo de picadores, mire usted, esos señores gorditos que aparecen montados en caballos igualmente rechonchos y cuyo encargo consiste en fatigar con sus puyas a los toros más impetuosos.

Lo hizo DIEGO FERNÁNDEZ en 1994 contra el ingeniero CÁRDENAS SOLÓRZANO. Lo harán ahora el “Bronco” con LÓPEZ OBRADOR y MARGARITA con RICARDO ANAYA.

Carambola de cinco, torre de Babel.

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