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Elecciones caras, participación pobre

Martín SIFUENTES

Domingo 11 de marzo de 2018

A unos días de que de inicie formalmente la campaña de los diferentes candidatos hacia la presidencia de la republica, en la sociedad mexicana no deja de percibirse un dejo de indiferencia ante lo que viene.

Los noticieros de radio y televisión nacionales, los diarios impresos y digitales, y las páginas de internet, no dejan de bombardearnos a cada momento con información de los aspirantes, sin embargo el ánimo social parece no estar en la misma sintonía que el ámbito político. 

La delincuencia creciente, la impunidad, la falta de oportunidades laborales, la deficiente impartición de justicia, son algunos de los factores que más influyen en el desencanto de la población hacia los procesos políticos.

De acuerdo a especialistas, si bien nos va, en las elecciones de julio, a lo mucho ejercerán su derecho al voto el 50, quizás el 55 por ciento de los electores, lo cual no deberá considerarse un porcentaje importante por dos razones: No legitima a los ganadores y eleva enormemente el costo de una elección ya de por sí demasiado cara.

Que haya una participación de apenas la mitad del electorado, conviene enormemente a los partidos y candidatos, pues de esa manera solo concentran su esfuerzo e mantener su voto duro y se evitan el esfuerzo de ir a convencer a los indecisos o a los abstencionistas.  El trabajo es menor.

Un reciente estudio determina que un 26 por ciento no quiere participar por desconfianza en el proceso, a un 20 por ciento no le importan las lecciones, el 11 considera que no sirve de nada votar.  

Ahí está representado más de la mitad del electorado y sus razones. 

Sin embargo, nos debe quedar claro que la abstención provoca efectos negativos, como la falta de legitimidad de las autoridades que terminan siendo electas por una minoría, y esto  genera desigualdad.  Dicho en otras palabras, las políticas públicas y los beneficios se desvían hacia quienes si votan  y los funcionarios electos no sienten presión por a atender a quienes no participan. 

Depende de cada uno de nosotros los ciudadanos interesarnos o no en la política  y en los proceso de votaciones. Nada nos obliga. Es un derecho ciudadano al que podemos accesar o rechazarlo según nuestras convicciones.

Si, el maltrato que han recibido millones de mexicanos por muchas décadas y por muchos gobiernos, gobiernos de todos colores, ha hecho que no crean en las instituciones, que no crean en las elecciones, ni en los políticos, ni en los gobernantes, ni en los candidatos.

Lo que  no podemos ocultar, porque termina siendo una gran verdad, es la incongruencia que representan unas elecciones que nos cuentan muchos millones, y que termine habiendo una participación tan pobre. 

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