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Transfuguismo electoral

Martín SIFUENTES

Domingo 18 de febrero de 2018

El presente proceso electoral, quedará registrado históricamente como en el que nunca como antes se dio en toda su  expresión el canibalismo político, y una especie de juego perverso en donde los conceptos ideológicos pasaron a segundo plano.

Para muchos de los dedicados a la política, tanto a nivel nacional como en Tamaulipas, en esta ocasión cambiar de partido ha sido más sencillo que cambiarse de ropa interior.

Han quedado al descubierto ambiciones personales, hambre de poder, y brincar de un partido a otro les ha valido un cacahuate. Muchos han mostrado su verdadero rostro y son monstruosos.

Del PRI a Morena, del PRI al PAN, del PAN a Morena, de Morena al PRD, una auténtica ensalada ideológica en otros tiempos inconcebible es lo que estamos viendo y veremos todavía en tanto se arman las listas al Senado.

Una vergüenza. Porque tal parece que los muchos descarados que se cambiaron de partido solo lo han hecho  buscando su beneficio  personal y la satisfacción de las ansias de tener un poder que no han logrado.

Y si bien este "fenómeno saltarín" , técnicamente llamado "transfuguismo electoral" no es nuevo, pues baste con recordar que incluso el mismo Andres Manuel López Obrador, brincó del PRD y creó su propio partido, si es ahora cuando más se han dado esos saltos, tan increíbles como insólitos y hasta inverosímiles. Todo sea por tener un poco de poder. 

Es más, hay quien defiende el punto diciendo que los tránsfugas, principalmente priístas, han contribuido al cambio político, básicamente desde 1988, cuando Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo salieron del PRI, a la fecha. 

Antes de ese episodio, la disciplina, la unidad partidista y la lealtad a los colores, funcionaba, y al que traicionaba se le castigaba en sus aspiraciones políticas. 

Ahora dicen que en la alternancia política, el transfuguismo es parte de la forma de hacer política, que cambiarse de partido ofrece la posibilidad de ganar el poder, y que la deslealtad o la disidencia partidistas comenzaron a ser rentables.

Los ideales no importan, los colores son lo de menos, la fidelidad no existe.

Estas elecciones serán recordadas porque muchos tuvieron que tragarse sus convicciones partidistas, si es que acaso algún día las tuvieron .

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