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Max Avila

Jueves 18 de enero de 2018

*El autor es Premio Nacional de Periodismo 2016.

Es evidente que el régimen federal se encuentra desmantelado. Como si la intención fuera transcurrir los últimos meses con el equipo de reserva. Por ello es difícil localizar estrategas políticos, desaparecidos éstos tras la renuncia del ex secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, tal vez “el último mohicano” cuyo poder personificó en forma tal que rebasó las expectativas de su propio destino.

Cierto que por ahí aún deambula Rosario Robles Berlanga, titular de lo que llaman Sedatu (secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano), quien fue “promesa” de la izquierda y terminó al servicio del sistema que dijo combatir cuando pasó por la dirigencia del PRD y desde luego para hacer honor a la herencia que le dejara Cuauhtémoc Cárdenas en el gobierno del ex DF.

A Rosario sucedió lo que a otros cuando los tienta el demonio del poder, sea que sucumbió a la ambición personal, algunos aseguran que fue por amor, aunque la realidad la coloca cerca de su condición humana que ha de ser complicada porque de leona en combate se convirtió en gatita adormilada en la abundancia oficial.

El asunto es que el régimen federal carece de funcionarios que hagan política toda vez que parecen más inclinados a aprovechar la que podría ser su única oportunidad para lograr riqueza en lugar de cumplir la promesa de “trabajar por el bien de la república”, como aseguran al tomar posesión del respectivo cargo.

Esta carencia de estrategas ha obligado a que el presidente Peña Nieto deba “ponerse los guantes” y subir al ring en situación de desventaja. En esta ocasión para enfrentar a López Obrador, un auténtico gladiador que porta mil argumentos para aplicarle severo “nocaut” en el primer cambio de golpes.

Y es que debido a la desesperada situación que guarda su partido y candidato presidencial, EPN acude al discurso público para descalificar el futuro propuesto por el tabasqueño sin comprender que sus palabras tienen efectos contrarios.

Peña Nieto es presidente de todos los mexicanos y no solo de sus compañeros de partido, esta verdad significa adoptar una actitud institucional e imparcial como corresponde a cualquier jefe de estado….y con mayor razón cuando supone encabeza un régimen democrático.

Esta disposición presidencial de abogar por su partido y criticar al adversario debiera ser observada seriamente por el INE y actuar en consecuencia. Debiera digo, pero no estamos seguros de que se atreva a llamar la atención o sancionar en su caso, pero no creemos que los consejeros pongan en riesgo sus escandalosos sueldos y mucho menos el de su presidente Lorenzo Córdova (quien de “lorenzo” no tiene nada porque todo lo hace bien cuerdo). Este individuo que en el INE parece encontró su verdadera razón de existir.

Quedamos en que EPN no debiera intervenir en el proceso electoral por más apasionado que sea de su partido y desee ayudar a un candidato (el ciudadano Meade) quien “no prende” no por culpa de AMLO sino por la negra historia que le acompaña en cada evento o en cada spot de ingenuo contenido.

El presidente no salvará al ciudadano Meade mejor será que las instituciones prevalezcan, “para que sea menos la dolencia”, como decía mi sagrada abue que ha de estar a la diestra de Dios Todopoderoso como “asesora” de las causas perdidas.

                                          NAUFRAGIO TRICOLOR

Entre rumores de cambios de la dirigencia estatal que alcanzan a Sergio Guajardo Maldonado, se anuncia la visita de “el ciudadano” Meade considerada en forma tentativa para el martes 23 del presente.

Usted dirá que los tales rumores solo son parte de la crisis del tricolor y tiene razón porque la sustitución de personas es lo de menos comparado con la tragedia que le mantiene en el más alejado rincón de la realidad política donde hasta ahora, no ha sido posible recoger los restos de la derrota, es decir, “el pedacerío” en que se convirtió por despreciar la voz que aconsejaba prudencia y respeto para la sociedad civil.

En caso de que Meade decida darse una vuelta por estos andurriales encontrará un escenario triste que en lugar de optimismo le inyectará lástimas, quejas y denuncias. Y es que Tamaulipas señores, señoras, aún no supera el síndrome de su pasado inmediato.

Meade vendría al estado a confirmar que el PRI es víctima de una enfermedad terminal. Y sucede en cualquier parte del país por ello al virtual candidato presidencial no se le dan los eventos masivos.

En Tamaulipas Meade caminará sobre los escombros del tricolor, ¿tendría sentido alimentar la depresión causada por su irremediable derrota?.

SUCEDE QUE

Oiga, que la ampliación de espacios para el seguro popular en el hospital general victorense al igual que otros eventos de seducción mediática, solo obedecen a criterios electorales. A lo mejor, es posible, quizá, tal vez, igual y sí…uno nunca sabe.

Y hasta la próxima.

 

 

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