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Clemente Castro

Miércoles 10 de enero de 2018

Hace 24 años exactos, un 11 de enero de 1994, la prensa nacional daba cuenta del primer evento proselitista de LUIS DONALDO COLOSIO, candidato del PRI a la Presidencia.

Había arrancado el lunes 10 en la localidad huasteca de Huejutla, Hidalgo, bajo un entorno político conmocionado por la insurrección armada en Chiapas y dos protagonistas que robaban reflectores a COLOSIO.

El Subcomandante MARCOS y el recién nombrado negociador semioficial ante la guerrilla, MANUEL CAMACHO SOLÍS.

Aquel martes 11, ambos se llevaron las ocho columnas de los diarios y las imágenes principales de primera plana, quedando en segundo término el evento inaugural de LUIS DONALDO que, en otras condiciones, habría gozado de los mejores espacios.

Al paso de los años se ubica esta fecha clave como el inicio de un propósito oscuro y retorcido denominado “campaña contra la campaña”. El desapego de los medios a las actividades del candidato oficial.

A decir verdad, desde un punto de vista estrictamente periodístico, la nota de impacto mundial estaba en San Cristóbal de las Casas.

Sin embargo, al paso de los días, fue creciendo en el equipo tricolor la sensación de que la Presidencia misma metía sordina a las tareas proselitistas. En contraste, en forma deliberada, la negociación con MARCOS recibía una cobertura avasallante.

Máxime cuando el presidente CARLOS SALINAS había permitido que CAMACHO asumiera la encomienda bajo la modalidad de un colaborador voluntario, sin nombramiento y sin sueldo.

Al no ser funcionario formal, tampoco tendría impedimento legal para asumir una candidatura, quedando libre del candado que exige no ocupar cargo alguno al momento de la nominación.

Los medios empezaron a comentar que, con dicha fórmula, CAMACHO se proyectaba como un factible candidato sustituto. Esto le movía mucho el piso a COLOSIO.

La reflexión que, a manera de pregunta, se hacía LUIS DONALDO, era más que reveladora: “¿Por qué me hace esto mi amigo el presidente?”

De aquel 11 de enero hasta la muerte del sonorense (23 de marzo) se habría de extender dicha maniobra siniestra que tendría por vórtice la residencia oficial de Los Pinos.

Con el tiempo, algunos observadores culparán al propio SALINAS, aunque con mayor insistencia se llegó a pensar que quien movía los hilos desde la sombra era su poderoso asesor en jefe PEPE CÓRDOBA.

Y, bueno, para el columnismo en cualquier parte del mundo, la extrapolación tiene un atractivo a ratos irresistible, aunque no sea del todo exacta o viable.

Comparar lo que ocurrió en el pasado, algún episodio candente o memorable, con una circunstancia actual, es factor que atrae lectores. Aunque el ejercicio de memoria naufrague a veces y las discrepancias emerjan, inocultables.

Hoy en día, circula la especie de que el precandidato del PRI a la primera magistratura JOSÉ ANTONIO MEADE ha tenido un arranque flojo, pálido, desalentador.

Con buen perfil académico y notable experiencia administrativa, MEADE muestra dotes de conversador ágil y asertivo cuando lo apreciamos en corto, en las entrevistas televisivas.

Pero, ciertamente, en los grandes escenarios se pierde. Ni voz ni ademanes ni su presencia misma motivan al espectador. Se percibe tibio, desangelado, poco convincente.

De aquí surge la creencia en alguna suerte de conspiración interna de grupos (y hasta cúpulas) que lo bloquean o le hacen el vacío.

Ello (dicen) se debería al disgusto del priísmo tradicional ante el primer abanderado de origen apartidista, sin militancia ni experiencia electoral.

El referente a COLOSIO surge (creo) con demasiada facilidad, sin reparar en las obvias diferencias que privan entre ambos casos.

Ya se habla, incluso, de un probable reemplazo. Lo cual nos trae recuerdos poco gratos a quienes vivimos de manera intensa aquel año terrible de 1994. Cabe esperar.

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