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Jose Luis B. Garza

lunes 27 de noviembre de 2017

No más tapado. La dimisión como secretario de Hacienda de José Antonio Meade fue el inicio de la confirmación de que, aún sin ser militante del Partido Revolucionario Institucional (PRI), ese instituto lo postulará como su candidato a presidente de la República.

Por si se necesitara reafirmarlo, al más tradicional estilo priísta, lo que el presidente  Enrique Peña Nieto llamó “La liturgia”, se produjo el mismo lunes de la renuncia con una visita a la sede de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) donde recibió el respaldo para ser nominado en el seno del PRI candidato presidencial. “El candidato de la esperanza” fue llamado por el dirigente cetemista, el obeso Carlos Aceves Del Olmo, quien encabezó las porras de un improvisado mitin para brindar el respaldo del sector obrero del PRI. Desde luego que no es lo mismo este apoyo de la CTM a los que se daban en los buenos tiempos del Institucional, cuando su vetusto líder Fidel Velázquez aún vivía y la sola proclamación en su poco audible voz bastaba para desatar una cauda de apoyos que presagiaban un inminente triunfo electoral.

Las circunstancias son diferentes. Mucho habrá que hacer para ganar.

Desde la semana anterior se veía ya venir quien sería el agraciado con el apoyo presidencial. 

Ello ocurrió, como se difundió ampliamente, cuando el secretario de relaciones exteriores Luis Videgaray hizo una exaltada presentación de Meade, donde señaló atributos y méritos abundantes que fueron considerados por la ansiosa clase política como la señal de que ya estaba tomada la decisión presidencial.

Sin embargo hubo quienes vieron como un acto de usurpación la mención hecha por Videgaray, considerando que esto correspondía hacerlo o sugerirlo al propio presidente.

Cabe mencionar que la historia  de los destapes en México, priístas por supuesto, muchas veces han sido precedidos por la mención de algún notable del aparato gubernamental. De las menciones premonitorias sin duda destaca la hecha por el tabasqueño Leandro Rovirosa Wade, el que fuera secretario de Recursos Hidráulicos del  entonces presidente Luis Ecehverría Alvarez, quien al ser abordado por reporteros de medios periodísticos impresos y televisivos sobre los nombres de quienes serían los que podrían obtener la candidatura presidencial mencionó a siete. Entre ellos con gran énfasis a quien sería el abanderado priísta, José López Portillo, entonces secretario de Hacienda.

El hecho le ganaría el calificativo de “destapador” con el que cargó hasta sus últimos días.

Cuentan que en un evento, antes de que se confirmara la candidatura de López Portillo, Rovirosa se encontró con éste casualmente y en tono de broma López Portillo le recordó que eran varios los destapados (siete), a los que el “destapador” conteste, para su buena suerte, “sí, son varios, pero tu eres mi corcholata favorita”.

López Portillo fue proclamado candidato y ganó la Presidencia.

No era hombre  acostumbrado a dirigirse en discursos de grandes concentraciones, pero aprendió rápido.

Se recuerda como una de sus frases del inicio de su campaña, quizá la más famosa “Llámenme Pepe”.

Hoy hay otro Pepe que se perfila como candidato del PRI, pero, aludiendo a frases famosas, podemos decir que “los tiempos han cambiado”.

 

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